
Es una época llena de cambios interesantes. La tecnología avanza a pasos agigantados y a nuestros hijos les permite tener a todo el mundo a su alcance para profundizar en sus intereses, y para estar en contacto con familiares y amigos lejanos...
Las comunidades sociales como Facebook y Twitter han establecido nuevas maneras de conocer gente, de participar en obras sociales, de darse a conocer... Todo esto tiene gran potencial positivo para las nuevas generaciones, siempre y cuando sepan usar estas herramientas constructivamente.
Un punto importante a considerar, por ejemplo, es que, debido a que estas redes sociales se extienden cada día más en Internet, nuestros hijos están creciendo en público y es nuestra responsabilidad protegerlos. Los padres de familia somos el primer frente de defensa, pues somos quienes enseñan a los niños cómo cuidar su privacidad y cómo respetar la privacidad de sus amigos.Nuestros hijos viven en una cultura en el que el significado de privacidad ha cambiado para siempre. En un mundo en el que todos estamos conectados y “pegarse” en otro documento y ser enviado a miles de personas en un minuto, lo privado significa algo más que simplemente resguardar información personal. Cada vez que un niño llena un formato con información sobre sí mismo, comenta sobre algo, sube un video, o envía una foto a sus amigos, sin hacer uso de controles de privacidad, potencialmente se está revelando al mundo.
La vida digital es bastante pública y con frecuencia permanente. Si no se cuidan, nuestros hijos crearán una huella que persistirá. Algo que es simpático o divertido en ese momento (un comentario, una foto) puede reaparecer años después, y afectar seriamente su reputación.
Los niños pensarán que sólo le están enviando algo a un amigo, pero él a su vez puede enviárselo a otro amigo, y asÌ sucesivamente. Es así como los secretos se convierten en titulares y cómo los chismes y mentiras se trasmiten rápida y despiadadamente. Y el asunto empeora cuando nos damos cuenta que esta información es conocida por una enorme audiencia invisible. Los secretos más profundos de un pequeño pueden ser compartidos por miles de personas que ni siquiera lo conocen.
De esta manera, los puntos más importantes a considerar cuando hablamos con la familia, son los siguientes: